Brecha Digital

«(La Brecha Digital) es el resultado de diversas diferencias sociales, económicas y políticas que terminan afectando el acceso a la información y a las tecnologías digitales. Este desigual reparto de los bienes y de las oportunidades han dado lugar a una serie de desigualdades dentro de este contexto de sociedad de información»

Iris Páez Cruz, Revista Inclusiones, 2021

Brecha digital y la red de redes

El acceso a internet sería una de las primeras señales de la incipiente brecha digital que tomaba forma en Chile.

Desde la llegada de las (nuevas) Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) a la sociedad chilena a principios de los años noventa, el acceso a los distintos servicios digitales, que avanzaban a una exponencial masificación mundial, estuvo restringido a los sectores centrales de las urbes metropolitanas y, además, al poder adquisitivo de las familias que quisieran surfear la red de redes, en una época en que la compra de un computador de escritorio representaba una gran inversión monetaria.

Sectores acomodados y clase media emergente fueron los primeros en sumarse a la fiebre del computador personal, Internet, correos electrónicos y páginas en servidores gratuitos.

Esta diferencia en el acceso da origen al concepto de Brecha Digital, configurando una problemática que, en primera instancia, se alojaba en los equipos y la conectividad, pero que a medida que llegaba el nuevo milenio comienza a a reflejar una multidimensionalidad que permearía toda la sociedad.

Computador de escritorio Pentium 600 MHz. Internet y brecha digital.
Portada revista PC Magazine en Chile. Internet

Desde mediados de los años noventa, en Chile se observaba una clara segregación digital en el acceso a Internet que, si bien se ha revertido en la última década, sigue estando presente en la sociedad actual: zonas rojas sin conectividad incluso en áreas metropolitanas, donde los servicios de las empresas de telecomunicaciones son casi inexistentes.

En la actualidad, el acceso y adquisición de dispositivos electrónicos -uno de los primeros baches de entrada a la vida digital-, se ha democratizado; sin embargo, los quiebres de esos primeros años siguen presentes. 

Por dar un ejemplo, en 1999 entre los principales desafíos de la digitalización que experimentaba la sociedad chilena, de acuerdo a un estudio realizado por el ingeniero industrial y académico de la Universidad de Chile, Eduardo Contreras, se encontraba que: “La incorporación de las tecnologías de información y conocimiento en las empresas chilenas ha sido lenta y la distribución social y territorial en el acceso a las nuevas tecnologías es altamente
desigual en el país”.

La encuesta TIME IBOPE, de noviembre de 1998, indicó que el 45% de las personas del quintil más rico usaban un computador personal en su lugar de trabajo para fines del siglo 20, mientras que los usuarios laborales del quintil más pobre no superaban el 3,6%.

brecha digital chile

Internet en Chile

En el nuevo milenio, la revolución digital comenzó su arribo masivo a la sociedad chilena, la que debió aprender a superar el acceso desigual a internet o las nuevas tecnologías -que dependía muchas veces de la llegada de los servicios de televisión por cable a las distintas comunas, cibercafés, telecentros y bibliotecas, entre otros-  y lograr una alfabetización digital «funcional» en cuanto a herramientas de ofimática y ciertos trámites en línea.

A ellos se suma un grupo de early adopters o usuarios tempranos de Internet, los que desde las salas de reunión virtual como BBS, IRC o aplicaciones de mensajería como ICQ, migran a Messenger y Gmail, con un ávido interés por esta tecnología que impulsa su adopción por parte de otros, ayuda a generar burbujas financieras como las puntocom y a la vez fomenta los usuarios proxy, o personas que se valen de otros para usar Internet.

La guerra de las telcos

Si en la década anterior un problema fue la falta de infraestructura en el territorio nacional, con énfasis en las áreas rurales y periferias, a medida que nos acercamos al primer decenio del siglo XXI las empresas de telecomunicaciones más conocidas del país, como VTR (fusionada con Metropolis unos años antes), Entel y Telefónica (ex CTC y actual Movistar), libraban una lucha sin cuartel por quedarse con la mayor cantidad posible de clientes domiciliarios, cableando miles de kilómetros para llegar a todos las zonas del país y entregar acceso a internet. 

A medida que la conectividad en el país se consolidaba, ya fuera con una u otra empresa, la penetración de Internet avanzó de la mano de la tendencia a la baja en el costo de los equipos de escritorio y portátiles; sin embargo, las velocidades de conexión a las que los usuarios podían optar aún se guiaban por las mismas reglas de antaño: mejor velocidad en lugares de mayor acceso económico, ya fuera porque se podía pagar o porque la infraestructura así lo permitía, mientras que en los sectores deficitarios, la banda ancha no era mucho mejor que las conexiones por modem telefónico del siglo pasado. La brecha digital, con un sin fin de realidades y matices, se anclaba para muchos en el acceso a internet y equipos, escondiendo la complejidad del fenómeno.

Acceso a Internet no es lo mismo que inclusión digital

El acceso a los teléfonos inteligentes, la aparición del iPhone, Android y las conexione móviles cada más ubicuas y accesibles al bolsillo de las y los usuarios permitió que la nueva década (2010) llegara a Chile con casi igual cantidad de habitantes que de teléfonos celulares, creando una nueva capa en la brecha digital local: usuarios hiperconectados, con información de cualquier tópico en la punta de los dedos, pero con graves carencias de inclusión digital.

Yo había escuchado el término Brecha Digital en relación a colegios de otros países; decían que eran más avanzados que nosotros, pero uno lo veía tan lejano en esos años. Ahora me doy cuenta que era mucho más cercano y con el tiempo nos cayó de golpe.

Guadalupe González Díaz, profesora de Educación Básica

Esta es una de las primeras cosas que recuerda Guadalupe González Díaz, profesora de Educación Básica especializada en lenguaje y matemáticas, quien, como muchos otros docentes durante los últimos dos años, debió adaptarse rápidamente a utilizar plataformas en línea para sus clases, pasar del pizarrón a Classroom y solucionar todo tipo de situaciones en esta nueva aula que le impuso la pandemia.

Un balde de agua fría

Entre risas comenta que sus clases siempre fueron presenciales, con salas de 45 alumnos y pizarra blanca. Trabaja hace 22 años en el mismo colegio de La Florida, por lo que es una testigo privilegiada de la llegada de las nuevas tecnologías a un recinto educacional. Recuerda que lo primero que debió utilizar, a comienzos de 2002, fue el computador para elaborar las pruebas y guías de trabajo.

Si bien logró hacerlo, reconoce que «le costó mucho» y la persona encargada de capacitarla la «retaba y corregía harto». A los meses ya dominaba lo suficiente Word y los pasos a seguir para guardar un documento e imprimir, por ejemplo. Si tenía problemas o algo fallaba, recurría a la persona a cargo de la «sala de computación».

Además, relata que a lo largo de los años fue realizando capacitaciones en aplicaciones de ofimática, pero el PC y la red de redes son algo que nunca consideró una parte integral de su vida. Para esta profesora, los conceptos de brecha digital y el acceso a internet en Chile eran términos lejanos que sin darse cuenta formaban parte de su vida.

«Pasaron varios años antes de, por ejemplo, «avanzar en el computador de la casa y mandarme el documento al correo, no sabía que se podía hacer eso», explica. Esta profesora reconoce que debió haberle dado mayor importancia a lo digital, pero afirma con seguridad que lo que no aprendió en el pasado le llegó «como un balde de agua fría» en 2020.

Aspectos de la brecha digital

Kemly Camacho, ingeniera en computación, antropóloga, coordinadora de la Cooperativa Sulá Batsú e investigadora del papel de las NTICs en los procesos de innovación de las organizaciones y empresas sociales de Centroamérica, escribió en 2005 el artículo «Brecha Digital», donde explica que hay tres aspectos en la brecha digital: acceso, uso y calidad del uso, con su origen en la informática, por lo estaría presente desde mucho antes de la aparición de Internet como tal.

En el texto señala que, «como puede deducirse, el concepto de brecha digital se ha modificado a través del tiempo. En un principio se refería básicamente a los problemas de conectividad. Posteriormente, se empieza a introducir la preocupación por el desarrollo de las capacidades y habilidades requeridas para utilizar las TIC (capacitación y educación) y últimamente también se hace referencia al uso de los recursos integrados en la tecnología«.

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